lunes, junio 01, 2009

LA DEMOCRACIA

El sistema más apropiado para que la gente de un país pueda ejercer su libertad, es sin duda la democracia. Pero esto no significa que d... thumbnail 1 summary

El sistema más apropiado para que la gente de un país pueda ejercer su libertad, es sin duda la democracia. Pero esto no significa que dicho sistema sea el ideal, simplemente es el menos malo de todos, más aún es el que prevalece ante la ausencia de un sistema que pueda ser equitativo con sus habitantes sin avasallar ciertos derechos.

Está claro que las dictaduras son una forma injusta de gobernar, los gobiernos autoritarios que no respetan los derechos básicos no tienen cabida ya en el mundo de hoy. Sólo nos queda la imperfecta democracia, aunque por imperfecta llena de huecos, después de todo si la gente elige mal a sus gobernantes mediante las elecciones, son ellos los responsables de haberse inclinado por la opción incorrecta y después de un periodo pueden cambiar el rumbo de sus decisiones.

No se puede uno sentir satisfecho si uno se queja de los gobiernos cuando uno fue participe con su voto en la elección de dicho gobierno, en realidad uno es también en parte culpable de un mal gobierno sea porque se voto por el candidato que lo representaba y aun si no se voto por ese mal presidente también se tiene responsabilidad porque se estuvo participando en elecciones o sea que se estuvo sometido concientemente a las reglas de juego del sistema. ¿Entonces de que se quejan?

En la democracia se asume que debe haber independencia de poderes, así pues el ejecutivo, el legislativo y el judicial caminan autónomos y eso evita la concentración de poder del partido de gobierno. Las democracias de América latina caminarían mucho mejor en tanto se acerquen más a esa autonomía, pero es complicado lograr una verdadera y sana independencia no sólo porque la herencia insana de anteriores gobiernos corruptos está demasiado arraigada sino porque los gobiernos que entran no son capaces de reformar los poderes del Estado, y esta reforma queda en manos de personas amorales que utilizan como argumento el respeto a dicha autonomía, pero muchas de ellas sólo buscan no perder su status y para ello entran en componendas o pactos de intereses tan comunes en los poderes judiciales y parlamentos latinoamericanos.

Más bien contribuyamos a cambiar el estado con ideas nuevas constructivas, una vez que uno acepto las reglas del juego democrático debe aceptarlas y no tratar de derribar lo establecido sólo porque no le llovió nada a sus intereses particulares. Lo mejor es apoyar a los gobiernos elegidos, tratando de aportar ideas, eso no significa por supuesto renunciar a reclamos justos, pero las demandas deben ser justas, pacíficas y equilibradas y no por tirria contra el gobernante sea por su pertenencia política, por su religión, raza, o apariencia.

Si alguien alza una voz de protesta justa, al comienzo estará solo pero luego aparecerán dos o tres personas que le acompañarán y así se irán sumando más y más personas. Así empiezan las grandes causas, primero estamos solos, primero nace una idea y luego ella se va multiplicando en miles de mentes en tanto nuestros pensamientos pretendan un cambio moralmente válido.

No nos quedemos inertes, ante las injusticias, reclamemos lo justo, aportemos ideas, no aceptemos la pobreza en nuestras mentes, miremos hacia delante. Sólo espíritus emprendedores pueden lograr pueblos soberanos libres del yugo de las grandes potencias y también alejados de las fuerzas malévolas extremistas que rayan con la locura como es el caso de los grupos terroristas.

La libertad no se expresa matando gente, los analistas más benévolos podrían decir de forma simplista que los terroristas son una expresión de protesta ante las injusticias de la sociedad. Los terroristas son mentes limitadas, presas de una locura sin salida, carecen de valores y por ello no saben lo que es la empatía, por ello son tan crueles. Por ello no les importa ser despiadados aun con los niños. Son asesinos, no dejan de serlo por el hecho de poseer raciocinios políticos que para nada justifican su poluta mente.

No debemos rendirnos, los gobiernos deben seguir trabajando para erradicar a esta lacra. Pero claro está, si los Estados actúan con la misma brutalidad, sólo con un afán de venganza es muy poco lo que pueden conseguir, lo único que lograran es la continuidad de ese círculo vicioso.

Lo que debe buscarse es una estrategia adecuada, equilibrada, de mentes inteligentes, que no se rebaje al nivel de la peor delincuencia como se ha visto en el caso de las torturas de prisioneros por parte de ciertos ejércitos. Si uno actúa como delincuente, con que derecho va a hablar de liberar a su pueblo, más bien de actuar así esos gobernantes deberán ser juzgados con la misma rigurosidad con la que se juzga a los terroristas.


MARDAM